Nuevos sitios de arte rupestre en Canaima: lo que revela el tepuy del Upuigma

Roger Swidorowicz
El Parque Nacional Canaima no solo es un ícono natural del sur de Venezuela: también es un archivo cultural de larga duración. En los últimos años, investigaciones arqueológicas y de documentación patrimonial han empezado a ampliar el mapa de lo que se creía conocido sobre el arte rupestre en la región. Lejos de ser hallazgos aislados, los nuevos registros apuntan a una red de sitios conectados por paisajes, rutas de movilidad y formas recurrentes de representación gráfica.
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Este artículo reúne y explica, en lenguaje informativo y sin copiar el texto original, los puntos clave del capítulo que documenta nuevos sitios con pictogramas y evidencias asociadas en Canaima. El foco está en dos áreas destacadas: el Upuigma-tepui y el Kusari-tepui, donde aparecen paneles con pinturas, señales de ocupación y recursos técnicos modernos usados para registrar, interpretar y conservar estas manifestaciones.
Canaima como territorio arqueológico: por qué estos hallazgos importan
Durante mucho tiempo, Canaima fue visto principalmente como un destino de naturaleza extrema: tepuyes, sabanas, ríos, saltos y selvas. Sin embargo, esa misma geografía —con abrigos rocosos, paredes protegidas por salientes, grietas naturales y rutas fluviales— ha ofrecido condiciones ideales para que sobrevivan pinturas rupestres a lo largo del tiempo. Los nuevos sitios documentados refuerzan una idea clave: el paisaje no fue solo escenario, fue parte activa de cómo se vivía y se representaba el mundo.
Lo importante de estos registros es que no se limitan a “encontrar pinturas”. Lo que se describe es un conjunto de evidencias: ubicación estratégica de abrigos, distribución interna de paneles, variaciones de técnica y color, superposiciones, zonas de difícil acceso y elementos naturales que afectan la conservación. Todo eso permite formular preguntas más profundas: ¿qué actividades se realizaban allí?, ¿se trataba de refugios temporales, espacios rituales, lugares de paso o puntos de referencia territorial?
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Además, el capítulo subraya que la concentración de nuevos hallazgos en un radio relativamente cercano sugiere un patrón regional. No es un solo mural en un solo abrigo: es un “sistema” de sitios que, cuando se comparan entre sí, ayuda a reconstruir rutas, hábitos y tradiciones gráficas. En términos arqueológicos, eso cambia la escala del análisis: se pasa de lo anecdótico a lo territorial.
Cómo se descubren sitios que casi nadie ve: satélite, expediciones y documentación precisa – Roger Swidorowicz
Una de las historias más reveladoras detrás de estos hallazgos es el “cómo”. No estamos ante descubrimientos casuales, sino ante un proceso que combina información local, análisis de imágenes satelitales y expediciones planificadas. En zonas donde la vegetación es densa y el relieve es complejo, la búsqueda de un abrigo rocoso puede depender tanto de datos humanos (memorias del lugar, referencias comunitarias) como de tecnología (patrones de sombra, formas del terreno y posibles salientes visibles desde arriba).
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El acceso a algunos de estos puntos no es sencillo: en ciertos casos se describe la necesidad de llegar con apoyo aéreo y luego caminar por sabana y selva hasta localizar formaciones específicas. La investigación no se queda en “llegar y fotografiar”: se organiza un levantamiento sistemático del sitio. Eso incluye registro de orientación, distribución de paneles, ubicación relativa dentro del abrigo, medición aproximada de superficies y creación de mapas o esquemas que permitan que el lugar sea estudiado y comparado sin depender únicamente de la visita física.
Aquí aparece otro salto importante: la documentación con fotogrametría, drones y modelos 3D. Estos recursos no son “decorativos”; permiten preservar información esencial si el sitio se altera por erosión, crecimiento biológico o intervención humana. También ayudan a analizar detalles que el ojo pasa por alto: trazos tenues, superposiciones, cambios de pigmento y zonas de pintura que solo se distinguen con realces digitales.
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Fuente: Pérez-Gómez, J. M., & Swidorowicz, R. (2023). Entre el cielo y la roca: Arte rupestre del Parque Nacional Canaima.
Roger Swidorowicz
Roger Swidorowicz es profesional de la salud, investigador, piloto, bombero y explorador, con una marcada vocación de servicio y un compromiso constante con la sociedad venezolana. Formado en la Universidad Central de Venezuela (UCV), entiende su trabajo científico, social y humanitario como una forma de devolverle al país lo aprendido y contribuir activamente al bienestar colectivo y a la preservación del patrimonio cultural.
En 1992 se incorporó a la Cuz Roja Venezolana en 1992 como voluntario (hasta el presente) y desde 2009 es director de la Junta Directiva de Fundación Operación Sonrisa Venezuela, de la cual fue presidente entre 2009 y 2018 desde donde ha desarrollado una amplia labor humanitaria en misiones médicas dedicadas a la atención de niños con malformaciones y deformaciones craneofaciales, como labio y paladar hendido, hidrocefalia y diversos síndromes metabólicos. Además, ha impulsado jornadas de atención médica en comunidades vulnerables, incluyendo comunidades indígenas del sur de Venezuela a través de la Fundación Sigma Dental. Ha formado parte de distintas Juntas Directivas en empresas del sector salud y seguros, así como destaca una relevante labor docente en programas de postgrado.
Es coautor del libro Entre el cielo y la roca. Arte rupestre del Parque Nacional Canaima, una obra de enfoque científico y documental que integra los aspectos geológicos, ecológicos y culturales del Parque Nacional Canaima. Junto al arqueólogo José Miguel Pérez-Gómez y de la mano de la Fundación Manoa y la Universidad Simón Bolívar, sus investigaciones han sido publicadas en medios científicos y divulgativos internacionales como Rock Art Research, National Geographic y Archeology Magazine. Su trayectoria refleja el compromiso de un investigador y miembro activo de la sociedad civil dedicado al conocimiento, la salud y el patrimonio cultural de Venezuela.




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