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El arte rupestre: origen, estudio e interpretación en el norte de Suramérica

Este artículo informativo analiza el origen, estudio e interpretación del arte rupestre a partir del Capítulo II del libro Entre el cielo y la roca: Arte rupestre del Parque Nacional Canaima. . El texto destaca la importancia del Parque Nacional Canaima como un posible núcleo de dispersión de tradiciones geométricas en el norte de Suramérica.

ROCK ART

Roger Swidorowicz

12/15/2025

Roger Swidorowicz
Roger Swidorowicz

Una de las expresiones culturales más antiguas de la humanidad

El Capítulo II del libro Entre el cielo y la roca. Arte rupestre del Parque Nacional Canaima, de José Miguel Pérez-Gómez y Roger Swidorowicz, aborda el arte rupestre como una de las manifestaciones culturales más tempranas del ser humano. Estas expresiones gráficas, representadas principalmente por pictogramas y petroglifos, constituyen cerca del 90 % del arte prehistórico conocido y se desarrollaron en un amplio rango temporal que abarca entre hace 40.000 y 11.000 años.

Durante este período, los grupos humanos experimentaron una transformación cognitiva significativa que permitió el desarrollo del lenguaje, la tecnología y la capacidad simbólica. En ese contexto, las superficies rocosas, cuevas y abrigos naturales se convirtieron en soportes para registrar ideas, creencias y formas de relación con el entorno.

Más contenido interesante sobre este tema aquí: Canaima: biodiversidad, tepuyes y cultura pemón en un territorio entre el cielo y la roca

Inteligencia, simbolismo y comunicación visual

El texto explica que el surgimiento del arte rupestre está estrechamente vinculado a la integración de distintas formas de inteligencia humana: técnica, social y natural. Antes de la aparición de estas manifestaciones, los seres humanos ya poseían habilidades avanzadas para la fabricación de herramientas, la caza y la organización social, capacidades que luego se reflejaron en la producción de imágenes simbólicas.

Los motivos representados —figuras geométricas, huellas animales, formas antropomorfas y patrones repetitivos— no deben interpretarse como simples adornos. Según el análisis presentado, estos signos formaban parte de sistemas de comunicación visual cuyo significado dependía del contexto cultural, social y ambiental de las comunidades que los produjeron.

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Roger Swidorowicz
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Fenómenos entópticos y patrones universales

Uno de los aportes centrales del capítulo es la explicación de los fenómenos entópticos, patrones visuales generados por el sistema nervioso humano que pueden manifestarse en estados alterados de conciencia. Estos fenómenos ayudan a comprender la recurrencia de ciertos diseños geométricos —como zigzags, espirales, puntos y líneas— presentes en el arte rupestre de diferentes regiones del mundo.

La repetición de estos motivos sugiere que algunas formas gráficas responden a procesos neurobiológicos comunes a la especie humana, lo que explica similitudes formales entre manifestaciones rupestres geográficamente distantes.

El desafío de interpretar el arte rupestre

El capítulo también aborda los principales retos metodológicos en el estudio del arte rupestre. Los autores destacan la necesidad de evitar interpretaciones subjetivas o proyecciones culturales modernas sobre expresiones gráficas del pasado. En su lugar, se promueve un enfoque interdisciplinario que combine arqueología, etnografía, iconografía, neurociencia y tecnología aplicada a la documentación y datación.

Este enfoque permite una comprensión más precisa de los contextos en los que fueron creadas estas imágenes y de los significados que pudieron tener para sus autores originales.

El paisaje como elemento simbólico

Un aspecto clave desarrollado en el Capítulo II es que el arte rupestre no puede entenderse separado del paisaje que lo contiene. Las cuevas, abrigos y paredes rocosas no fueron elegidas al azar: su forma, orientación, acústica, visibilidad y relación con ríos, sabanas y rutas naturales influyeron directamente en su uso simbólico. En regiones como Canaima, donde el entorno natural es dominante y monumental, el paisaje actuó como un componente activo del sistema de comunicación visual, reforzando la carga simbólica de las imágenes.

Esta relación entre imagen y entorno sugiere que el arte rupestre funcionó como una extensión de la percepción humana del territorio. Los tepuyes, valles y ríos no solo estructuraban la movilidad y la subsistencia, sino también la forma en que las comunidades comprendían y representaban el mundo. En este sentido, las pinturas y grabados rupestres pueden interpretarse como marcas cognitivas del paisaje: puntos donde la experiencia sensorial, la memoria colectiva y la espiritualidad convergen.

Continuidad cultural y memoria visual a lo largo del tiempo

Otro aporte fundamental del capítulo es la idea de continuidad. Lejos de ser expresiones aisladas o eventos únicos, muchas manifestaciones rupestres muestran evidencias de uso prolongado, superposición de motivos y reutilización de los mismos espacios a lo largo de generaciones. Esta persistencia indica que ciertos lugares mantuvieron su relevancia simbólica durante largos períodos, convirtiéndose en nodos de memoria visual dentro del territorio.

En Canaima, la reiteración de patrones geométricos, la recurrencia de técnicas similares y la concentración de signos en áreas específicas refuerzan la hipótesis de una tradición gráfica compartida y transmitida en el tiempo. Estas imágenes no solo comunicaban significados inmediatos, sino que también actuaban como vehículos de memoria cultural, permitiendo a distintos grupos mantener vínculos simbólicos con sus antepasados, su entorno y su identidad colectiva. Así, el arte rupestre se revela como una forma temprana —pero altamente sofisticada— de pensamiento simbólico y transmisión cultural.

Canaima como núcleo cultural del norte del continente

Finalmente, el texto plantea que el Parque Nacional Canaima concentra una de las mayores densidades de motivos geométricos del norte de Suramérica. Esta concentración sugiere que la región pudo haber funcionado como un núcleo de origen y dispersión de una tradición gráfica compartida que se extendió a lo largo de la cuenca del Orinoco y regiones vecinas de Brasil y Colombia.

De este modo, el arte rupestre se presenta no solo como una expresión estética, sino como una fuente clave para comprender la historia cultural, simbólica y cognitiva de las primeras sociedades humanas en el continente.

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Fuente: Pérez-Gómez, J. M., & Swidorowicz, R. (2023). Entre el cielo y la roca: Arte rupestre del Parque Nacional Canaima.

Roger Swidorowicz

Roger Swidorowicz es un empresario y fundador de Sigma Dental Inc., con trayectoria en gestión empresarial y salud, además de ejercer roles directivos en organizaciones como Operación Sonrisa —que ofrece atención médica a personas con labio y paladar hendido— y la Cruz Roja Venezolana, vinculándose a labores filantrópicas y de responsabilidad social. Swidorowicz es también coautor del libro Entre el cielo y la roca. Arte rupestre del Parque Nacional Canaima, junto a José Miguel Pérez-Gómez, obra que articula aspectos geológicos, ecológicos y culturales del Parque Nacional Canaima desde una perspectiva científica y documental.